Fracaso personal

Jhoana  Campos  Garduño 2018-03-30

Hace poco leí una frase de Fernando Savater:

“[la filosofía] ha de nacer de los fracasos personales. A todos algún día nos pasa algo que nos convierte en filósofos: la muerte de un ser querido, el fracaso de un proyecto profesional, la derrota de una esperanza política”.

Esto me recordó mi primer fracaso personal: la muerte de un ser querido. A partir de ahí se abrió un mundo de incertidumbre, de extrañamiento y lejanía ante las respuestas que me daban los adultos, un mundo falto de lenguaje que, varios años después, me llevó a estudiar filosofía. Con el tiempo, me percaté de que mis preguntas de niña eran tan filosóficas como no lo hubiera imaginado: ¿a dónde se van los muertos?, ¿por qué morimos?, ¿para qué vivir si moriremos?, ¿qué es morir? Por lo anterior, podría decir que la filosofía, para mí, parte de la pregunta frente a un acontecimiento en la vida que provoca asombro y extrañamiento: cuando algo es diferente a como se esperaba.

En algún momento, la vida misma nos convierte a todos en filósofos. Las situaciones límite, aquellas que no podemos evitar y que nos acorralan en la existencia, son casi siempre el parteaguas de la filosofía. Algunos renuncian al primer intento; otros encuentran en el filosofar una contraposición a la religión o a la ciencia; algunos, a la vida misma; otros más, no le ven utilidad. Nos vamos transformando; a veces dejamos morir al filósofo en el que nos convertimos por momentos como forma de anestesiarnos: para soportar la vida sin tanto cuestionamiento. Sin embargo, renace de nuevo, como un intento de responder y comprender nuestra propia existencia. Cada quien sigue su camino filosofal; algunos incluso lo han convertido en una forma de escritura, en género literario, en frases hechas, en una ciencia, en arte; otros sólo se dedican a la historia de la filosofía, olvidándose de cuestionar y de pensar por sí mismos, y dejan de filosofar.

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Lo que me parece más hermoso de la filosofía es que siempre, tras alguna conclusión, hay una rebeldía que martilla el punto final. Renace la espiral entre lo que hay y lo que no, para transformar aquella conclusión en otra visión. Filosofar es una forma de pensar y de vivir; algo que habita en todo ser humano, olvidado o insospechado, que una vez que lo tocamos, hay un cambio profundo en nuestro carácter, en nuestro ser, para modificar la forma como nos concebimos en el mundo.

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Jhoana Campos Garduño: exalumna de filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras. Apasionada por la filosofía aplicada y práctica, sobre todo la existencial y la contemporánea. En búsqueda de proyectos que lleven la filosofía a lugares inesperados. Ha trabajado en proyectos de fenomenología en psiquiátricos y de existencialismo aplicado a la vida diaria.