Memoria porno

Montserrat  López  2018-09-09

Una de las características que nos identifica como humanos es la capacidad de almacenar imágenes en un repositorio ubicado ya sea en la corteza frontal del cerebro, para memoria a corto plazo, o el hipocampo, en caso de que sea a largo plazo. Se tiene la habilidad de recrear momentos, imágenes, donde hubo una intervención emocional. Estas imágenes nos permiten revivir sucesos en los que lo visual es apenas parte de un todo, ya que la mente también nos permite volver a sentir a través de la memoria; pero llega un punto en el que es cuestionable recordar algo. ¿Para qué hacerlo? ¿Por qué hacerlo? Una gran parte de estas reminiscencias no son agradables, incluso desearíamos olvidarlas.

Esta relación con la memoria me recordó al capítulo de Black Mirror titulado “Toda tu historia”. Aquí, se presenta a una sociedad inmersa en una nueva tecnología que permite guardar décadas de vida, de experiencias, para ser recreadas en los propios ojos del propietario, además de tener la posibilidad de exponer dichos vestigios en alguna pantalla para ser observados y juzgados por otros. En esta constante exhibición, las personas pierden su singularidad a raíz de convertirse en parte de un sistema en el que, si no posees dicho dispositivo, tu persona carece de validez frente a la sociedad. Así, de acuerdo a Byung-Chul Han:

“la transparencia reclama de manera efusiva, libertad de información”.

Imagen 1

En la sociedad futurística que Black Mirror plantea, existe una constante obsesión por recrear todo, por ver a detalle y de forma inmediata las imágenes reproducidas. Se genera ansiedad por querer saberlo todo; el individuo se martiriza repitiendo incidentes de su cotidianidad a pesar de que es posible ignorar ciertos momentos. Es importante tener la valentía de dejar ir y continuar con la existencia. Los límites se sobrepasan y se cae en una rutina que poco a poco paraliza la vida, hasta apresarla en recuerdos que se vuelven una simulación.

Como diría Byung-Chul Han, incluso en la sociedad de la transparencia, no se puede ser totalmente transparente hacia el otro porque deja de ser interesante, y evita la comunicación entre interlocutores. Sin embargo, en Black Mirror, la memoria y los recuerdos se vuelven casi un programa de televisión: de forma sencilla e inmediata se accede a aquello que debería ser valioso para cada ser humano porque le permite dar sentido a la vida y formar una identidad. No existe, en la naturaleza del ser humano, un ser totalmente límpido con el otro, pues “El hombre ni siquiera para sí mismo es transparente”. Liam, el protagonista de “Toda tu historia”, toma los recuerdos y los hace pornográficos. Vuelve hacia fuera su imagen-ojo para exponerse, sin un sentido, sin un valor real.

Para Liam no hay una recapacitación por los hechos que vive, sólo una reproducción de recuerdos, propios y ajenos, que son exhibidos. De ahí que sea importante cuestionarnos hasta qué punto la exhibición de los recuerdos se convierte en un acto agresivo e invasivo. Se necesita un espacio donde no haya una vigilancia constante de aquello que es tan íntimo de un ser humano.

Imagen 2

En un mundo lleno de crueldad, a veces, es mejor ser selectivo con aquello que queremos recordar. Los recuerdos devienen en una tortura que lentamente va carcomiendo la vida de quien se aferra a ellos. Más allá de ser algo beneficioso, es un dolor inevitablemente recreado. Al haber una obsesión por los detalles y el querer saber todo, Liam refleja a una sociedad que se convierte en

“la sociedad de la desconfianza y de la sospecha, que, a causa de la desaparición de la confianza, se apoya en el control”, señala Byung-Chul Han.

Si hacemos una comparación con la sociedad actual, no hay una gran diferencia en cuanto a exposición personal. No se llega al extremo de mostrar la memoria, pero sí de gran parte de lo que es una persona: sus gustos, disgustos, forma de pensar y otros que son expuestos en las redes sociales. En ambos mundos, hay una entrega voluntaria de la intimidad para mostrarla a quien sea, permitiendo que la sociedad se convierta, en términos de Byung-Chul Han, en “un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades” ya sea por gusto o por ser parte de un proceso operacional de producción.

Montserrat López: estudiante de la licenciatura en comunicación y nuevos medios, ensayista principiante, amante del cine de género de suspenso y fan de la cultura zombie.