Gastronomía capitalista

Claudio Alejandro  Castro  Meléndez 2018-10-14

¿Por qué se le da cabida a un alimento falso en nuestra sociedad? ¿Existe un lazo entre las sociedades del consumo y la industrialización de alimentos? ¿Cómo afecta realmente al individuo? Sin duda, cada vez surgen más preguntas sobre la entrada del capitalismo a la industria gastronómica y su repercusión desde el siglo XX hasta la actualidad. La relación entre el capitalismo y la industrialización en la gastronomía contemporánea juega un papel importante en el consumo cotidiano. Esto se muestra en el consumidor, que se vuelve dependiente de la marca y no del producto en sí; es decir, el consumidor del siglo XXI ha crecido con las representaciones gráficas de lo que se hace llamar “alimento”: cereales de caja, comida chatarra, jugos envasados, carne empaquetada, entre otros.

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Dicho esto, se evidencia, como lo señala Michael Polland, que

“la comida se convierte en un producto más, en una abstracción, y, cuando esto sucede, nos convertimos en una presa muy fácil para las corporaciones que venden versiones sintéticas de algo real, algo que yo denomino «sustancias comestibles con aspecto de comida»”.

Por lo mismo, debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿a qué tipo de presas están cazando los gigantes del capitalismo gastronómico? Nuestra adquisición de productos rápidos o “sintéticos” suele ser en grandes centros de consumo, por ejemplo: los supermercados. El individuo siente la obligación de adquirir más de lo que necesita, dejando a un lado la importancia que éste tiene como consumidor responsable.

Así, el consumidor encuentra una satisfacción en los productos ya establecidos; al ser monótonos, no se pregunta el dónde o el porqué, en otras palabras, el consumidor al obedecer la publicidad se convierte en una “presa fácil” gracias al poco control que tiene sobre sí mismo. Se podría decir que los grandes centros de expendio se vuelven una realidad alterna, un centro de entretenimiento fuertemente ligado al consumo cotidiano de la sociedad y, por ende, a sus hábitos. Las masas, inconscientemente, obedecen al gran capital.

La entrada de la publicidad y mercadotecnia nos hace replantearnos la necesidad de los productores y empresarios por vender sus productos a toda costa.

“A su juicio, la economía moderna de consumo está ligada a la necesidad de expandir la producción constantemente, y es esa producción masiva la que determina la necesidad de consumo de masa”, señala Adela Cortina.

Pero nuestro contexto alimenticio va más allá del producto; al haber cada vez más habitantes, la necesidad de la empresa se hace cada vez mayor. La producción masiva se vuelve ridícula, el consumidor cae en la monotonía, el producto se torna similar a otros y por ende surgen nuevas preferencias, aunque sería más adecuado llamarlas “tendencias”.

Regresemos a Adela Cortina:

“la gran cuestión sería plantear aquellas preguntas de la economía, ¿qué se produce?, ¿para qué se produce? y, ¿quién decide lo que se produce? Y creo que la respuesta sería que normalmente no somos cada uno de nosotros quién decide lo que se produce”.

Y no, no lo somos, desafortunadamente, pero sí tenemos una capacidad de criterio al momento de elegir nuestros productos. Es nuestra obligación como consumidores cuestionar nuestras necesidades de consumo y cómo afecta nuestra cotidianidad.

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Finalmente, debemos indagar qué camino está tomando nuestro consumo. No se puede esperar un cambio radical en nuestra ingesta de alimentos sintéticos y de tendencias gastronómicas, pues ahora son parte fundamental de nuestra cotidianidad y se ven reflejados en nuestros hábitos. Por el lado de las tendencias, hay que explorar sus raíces, ¿de dónde surge y cuál es el discurso que quiero seguir? Cada civilización adopta los productos de manera diferente, ya sea por cuestiones religiosas, políticas o económicas. Es fundamental seguirnos preguntando a dónde se dirige eso que consumimos y por qué he decidido consumirlo.

Claudio A. Castro Meléndez. Estudiante de Comunicación y nuevos medios en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fascinado por la comunicación gastronómica, su enfoque ha sido principalmente en fotografía y algunas veces en texto. Su trabajo ha sido publicado en El Universal, Food and Wine, Food and Travel, Revista Hojasanta, New Worlder, Drift Magazine, entre otros medios. Actualmente trabaja con el chef Enrique Olvera fotografiando sus restaurantes y como parte de su equipo de comunicaciones, además de publicar una foto columna mensual en Revista Hojasanta y ‘freelanceos’.