Pedacería de letras

Federico  Ballí  2018-09-20

En la actualidad, el aburrimiento es un lujo casi inexistente. Si antes las únicas opciones de entretenimiento eran ver el cielo en una tarde nublada o leer un libro, ahora las elecciones con las que contamos superan por mucho el tiempo que podemos otorgarles. Ésta es la realidad a la que se enfrenta el escritor. ¿Por qué alguien dedicará su tiempo a leer lo que yo escribo en vez de utilizarlo en la televisión, el internet u otros libros? La respuesta más común, al menos por parte de las personas dedicadas a la literatura, es que en el libro, en el texto escrito, hay un valor intelectual que supera al de los otros medios. Esta idea me parece ridícula. Ninguna tarea es inherentemente más “productiva” o “enriquecedora” que otra; además, esta clase de valoración ignora, convenientemente, que un lector no especializado se acerca a un texto porque busca disfrutar de la lectura. Aun así, la actitud de moda es alarmarse porque cada día menos gente lee y, a la vez, despreciar los libros exitosos y culpar a sus lectores por no apreciar la buena literatura. El problema con estos actos de elitismo literario, lo que los hace despreciables, es que aniquilan lectores: al invalidar las lecturas que alguien más disfruta, al negar que en ellas pueda haber algo de valor, se invalida a quien las lee y se destruye todo aquello que encontraba de valioso en la literatura.

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Ahora bien, para acercarnos a los lectores de nuestra época, es necesario una clase de textos que generen eco con la naturaleza fragmentaria en la que vivimos —producto, al menos en parte, del bombardeo de información al que nos encontramos sujetos—. En este sentido, me parece sorprendente un libro como Historias de Cronopios y de Famas pues en éste se entrevé el cauce que está tomando la literatura de nuestra época, es decir, una literatura cimentada en el fragmento. A primera vista, sería fácil desacreditar esta obra de Cortázar, tildarla de un conjunto de prosas que no pertenecían a ningún lugar; pero es precisamente esta fragmentación lo que permite que el libro deambule entre la prosa poética, el cuento corto, el ensayo y la microficción: el tono ensayístico del “Manual de instrucciones” abre paso al relato corto con las “Ocupaciones raras” de una familia extravagante, seguido de la prosa poética que se nos muestra como un “Material plástico” y finaliza con la microficción en las “Historias de Cronopios y Famas”. El paso de un texto a otro, en conjunto con las diferencias entre las cuatro secciones que componen el libro, produce la sensación de agilidad e induce a continuar con la lectura. De la misma forma que en Rayuela uno puede saltar entre capítulos, la estructura de Historias de Cronopios y de Famas otorga una completa libertad al lector, que no se ve atado a seguir una narrativa lineal; con esto en mente, desde un punto de vista actual, podríamos asemejar esta forma de lectura a la que experimentamos en redes sociales como Facebook o Twitter: ambas se componen de pequeñas narrativas que muchas veces no poseen una relación clara entre sí, más allá de encontrarse en el mismo sitio.

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Se ha hablado mucho de la muerte del libro, de la novela e, incluso, de la literatura. No soy partidario de estas ideas y me parece que los dos libros que he mencionado antes, si bien no configuran una imagen precisa del porvenir de la literatura, señalan una nueva ruta que ésta puede tomar para renovarse en nuestro mundo de bombardeo mediático. Me inclino a pensar que la nueva literatura retomará esta prefiguración, intuida en los textos de Cortázar, y la llevará al extremo. Aún no hemos llegado a ello, pero si lo hacemos, si nos enfrentamos a una literatura de la pedacería, desencajada, me pregunto ¿de qué forma irá más allá de lo perecedero?

Aquellos lectores que sonrían con frecuencia ante la ironía de la vida, disfrutarán de Historias de cronopios y de famas Para quienes busquen una lectura similar, recomiendo uno de los clásicos de Juan José Arreola: Confabulario una colección de textos breves en los que el absurdo y la ironía tienen el protagonismo. Por otra parte, quienes deseen algo más fragmentario disfrutarán El libro de la imaginación una colección de microrrelatos —muchos de ellos no mayores a un pequeño párrafo— seleccionados por Edmundo Valadés.

Puedes conseguir los libros en los siguientes links:
Historias de cronopios y de famas
Confabulario
El libro de la imaginación
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Federico Ballí: narrador, poeta, ensayista y filósofo de clóset. Ha colaborado con la gaceta Lammadame, el blog Filopalabra y las revistas Nocturnario, Monolito y El comité 1973. En la actualidad, trabaja como editor y columnista en Filosofía de Clóset.