Metrópolis: un patrimonio de la humanidad

Federico  Ballí  2018-11-18

La historia de Metrópolis , y me refiero aquí al film en sí y no a la trama del mismo, tiene todos los elementos de una de esas anécdotas motivacionales a las que solemos acudir cuando nos enfrentamos a una derrota personal. En los años de su estreno, Alemania, su país de origen, resentía los estragos de una derrota en la Primera Guerra Mundial y se acercaba a la antesala de la segunda; las compañías que se encargaron de distribuirla cercenaron más de una cuarta parte de su duración original, y en el ámbito internacional la recepción del film fue poco alentadora, con figuras como H. G. Wells despreciándola abiertamente. Ahora, por el contrario, esta obra se encuentra inscrita en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO y en 2008 se recuperaron casi en su totalidad las escenas originales que se creían perdidas. En todo caso, ¿qué es lo que ha llevado a que Metrópolis adquiriera con los años el reconocimiento que ahora posee?

Metrópolis portada

Al situarnos en una ciudad futurista que se mantiene en pie gracias al trabajo de monstruos tecnológicos, Fritz Lang retoma las tentativas de crear un cine de ciencia ficción —inaugurado por Méliès— y las aterriza en una trama que mezcla elementos distópicos, bíblicos y ocultistas. En forma similar a Dante, que narró su paso por el Infierno, Purgatorio y Paraíso, la trama de Metrópolis se desarrolla en tres niveles: el “Club de los Hijos”, un Edén moderno que se sitúa muy por encima de los otros estratos; la “Ciudad de los obreros”, el limbo económico que exige diez horas de trabajo al día, y las catacumbas, a la que acuden los desesperados con tal de ver a una profetisa.

Estos tres niveles encarnan su valor simbólico mediante la distinción visual —inspirada en periodos históricos y movimientos artísticos— que Fritz Lang le otorga a cada uno de ellos. Así, en el Club de los Hijos destacan los jardines y los edificios de estilo neoyorkino; la iluminación en estas escenas es reminiscente a la natural y genera la sensación de estar cerca del sol. En contraste, en la Ciudad de los obreros encontramos una atmósfera estéril, plagada de máquinas de aspecto cáustico y una arquitectura que recuerda al Bauhaus; aquí, los uniformes que utilizan los obreros los hacen indistinguibles entre sí y tiñen la fotografía con una monotonía de plomo. Por último, en las catacumbas hallamos elementos que se mueven entre lo gótico, romántico y expresionista: la luz de las velas y las sombras plásticas se mueven entre esqueletos y escaleras retorcidas.

En forma similar a la multiplicidad de inspiraciones visuales que he mencionado, Metrópolis retoma también múltiples inspiraciones literarias como Frankenstein —aterrizado tanto en el personaje del científico, Rotwang, como en su creación, Hel—, o el mito de la torre de Babel, cuya caída sirve de hilo conductor para el tema principal de la película: la industrialización y las implicaciones que ésta conlleva. En un sentido estricto, no me atrevería a decir que el tratamiento de estos temas se realice con la profundidad que se le daba en las obras originales —Hel, por ejemplo, no tiene la misma complejidad moral que demostraba el monstruo de Frankenstein—; sin embargo, me parece notable su abordaje de la distopía, un género que se popularizó años después por los trabajos de Orwell, con 1984 , y Huxley, con El mundo feliz . A diferencia de las obras anteriores, Fritz Lang no tiene como protagonista a un hombre que forma parte de la maquinaria, sino al hijo de quien construyó la distopía; quizá por esta razón en esta obra encontramos una visión de esperanza, al hombre que puede acercar el mundo de los obreros y el de los patrones, en vez del pesimismo que se le suele dar a este tipo de obras, con el hombre que intenta salirse del sistema y queda aplastado por el mismo.

La influencia de esta película en el desarrollo del cine, junto con lo impresionante de su fotografía y dirección, me parecen razones suficientes para recomendarla incluso a quienes tienen un prejuicio contra el cine mudo o de ciencia ficción.

Fritz Lang

A quienes hayan disfrutado de este film y busquen algo similar, les sugiero buscar una copia de Blade Runner ; con claras influencias visuales de Metropolis , esta adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? , de Philip K. Dick, inserta los elementos de ciencia ficción en una trama policíaca. Por otra parte, quienes busquen una interpretación de la distopía con tintes más oscuros encontrarán algo de su agrado en Brazil , una película en la que los horrores de un estado totalitario se mezclan con un toque de humor negro. Espero que entre estas recomendaciones encuentren algo de su agrado y, sobre todo, que les ayude a pasar el tiempo hasta nuestro próximo Must & Trend .

Puedes conseguir las recomendaciones en los siguientes links:
Metropolis
Brazil
Blade Runner
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
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Federico Ballí: narrador, poeta, ensayista y filósofo de clóset. Ha colaborado con la gaceta Lammadame, el blog Filopalabra y las revistas Nocturnario, Monolito y El comité 1973. En la actualidad, trabaja como editor y columnista en Filosofía de Clóset.