¡Adiós, 2018. Hola, 2019!

Cecilia  Amaro  2018-12-31

¡Ah!, mis queridos lectores, hoy se supone que publican mi última opinión del año, o la primera, dependiendo de cuándo la lean. Pero he de confesar que dicha publicación tendrá que esperar; verán, en un inicio estuve tentada en escribir sobre el nuevo gobierno: las expectativas, las ilusiones y los temores que una ciudadana se puede enfrentar al sexenio; pero eso de inmediato se esfumó y fue sustituido por la emoción crítica de las fiestas decembrinas: el consumismo exacerbado, la hipocresía de los intercambios en la oficina y la comodidad de festejar para no perder la tradición sin siquiera tener fe en Dios. Intenté escribir algo y como resultado obtuve el deseo de aprenderme bien a bien los villancicos. Después me vino a la mente la necesidad de retomar los temas ecológicos o educativos sobre los que en algún momento escribí para esta columna, pero caí en la cuenta de que eso sería demasiado tedioso, era mejor regresar al deseo de memorizarse los villancicos.

Esferas de navidad

Seguí pensando en cómo cerrar esta columna o cómo darle la bienvenida al 2019. ¿Y saben, queridos lectores? De tanto darle vuelta me llegó la Navidad. Siempre he creído que el veinticuatro de diciembre es una fecha triste, solitaria, en realidad no hay nada qué festejar; digamos, si somos creyentes o nacimos en una familia religiosa se nos inculca que es un día de fiesta “porque el redentor ha nacido”. ¿Qué tiene de felicidad aquello cuando sabemos que el niño Jesús morirá crucificado? Eso no tiene nada de glorioso, al contrario, es aterrador: un ser que nace con la cruz en la frente. Pensándolo bien, es una buena metáfora de nuestro destino. Pero dejemos a un lado el pesimismo. Diciembre es un mes peculiar, en ninguna otra época del año la gente organiza posadas, desea regalar algo, compartir, se emociona por descansar, por ver a los amigos o a algún familiar o, por qué no, por viajar. ¿A quién no le ha pasado? Quien apuesta por hacerse el Grinch, resulta devorado por la cena, los regalos y los buenos deseos.

En esta Navidad me di cuenta de algo: aunque este mes se presta para la bondad y la gentileza de compartir un espacio de nuestra monótona vida, lo cierto es que cuando uno presta atención a su alrededor, en las redes sociales o en su círculo familiar, llega a la conclusión de que hay un síntoma social: la ausencia de diálogo. ¿No les ha pasado que quieren conversar de algo y resulta que unos cuantos se incomodan, se enervan o se ofenden? En efecto, vivimos esos tiempos en los que el diálogo espontáneo, el enriquecimiento de ideas opuestas ya tiene un tufo romántico que sólo podemos imaginar en los diálogos platónicos, en las novelas de Dostoievski o en las memorias de Zweig. Cada vez resulta más difícil entablar una conversación agradable, donde nadie se sienta violentado por algún comentario o por las bromas sardónicas. Estamos envueltos en papel celofán decorado de una tolerancia sensible y reaccionaria; en resumen, somos más intolerantes y, por ende, más agresivos. Preferimos aprovechar estas reuniones para sacar lo peor de nosotros: refugiarnos en nuestros smartphones , ansiosos de ver memes y compartirlos, de enviar mensajes de las críticas y las quejas que no nos atrevemos a decir de frente o evitar platicar con el tío que sólo alaba a la derecha o al primo que se autodenomina chairo o a la prima vegana feminista. No sé a ustedes, pero en lo personal, me resulta llamativa la paradoja de nuestro tiempo: las ilusiones y las altas expectativas de los ideales sociales y su imposibilidad en la cotidianeidad.

Brindis por el año nuevo

En fin, queridos lectores, como verán estoy divagando entre temas reflexivos, triviales y personales y es que, lo que más deseo para este 2019 es que se recupere la pasión por contrastar ideas por el mero placer de conversar, escuchar y pensar en conjunto. Eliminemos esas, como bien un día me dijo nuestro editor, echo chambers en las que estamos sumergidos ante una pantalla o ante un círculo reducido de sombras que muy amablemente llamamos amigos. No porque una persona piense diferente a ti significa que es tu enemigo. Brindemos por más Sócrates, por más conversaciones a la Platón. Porque #SoyPosmo.

Cecilia Amaro: filósofa, ensayista, cuentista y fanática de la posmodernidad. Su mejor hashtag #SoyPosmo. Ha publicado en Zona de Ocio, Nocturnario y Filopalabra. Directora General y columnista en Filosofía de Clóset.