Ballet mécanique: la sincronización perfecta de música e imagen

Federico  Ballí  2019-01-21

En mi adolescencia, solía pasar días enteros viendo los videoclips del momento en MTV, cuando este canal todavía se dedicaba casi exclusivamente a dicho contenido. Con los años, ese mismo gusto me llevó a encontrar montajes no profesionales que sincronizaban escenas de una película o una animación con una pieza musical, y todavía hoy, al escuchar ciertas canciones suelo imaginar alguna escena que las acompañe. Algo en esa sinergia de una imagen que se mueve al ritmo de la música me produce una sensación de catarsis, un placer similar al que se obtiene al ver un mecanismo de relojería que trabaja con absoluta precisión. En ese sentido, mi acercamiento a Ballet mécanique , una obra en la que Fernand Léger buscaba la “sincronización perfecta”, surge de una admiración personal a los géneros que, directa o indirectamente, ha inspirado.

Cubismo en Ballet Mecanique

Dos influencias me parecen evidentes a lo largo de este film; en principio, tenemos el collage, en la plástica, o experimentos literarios como el cadáver exquisito, en el que múltiples elementos que no necesariamente poseen una relación intrínseca se unen para crear una nueva obra. Así, a lo largo de la película encontramos un montaje con escenas realistas —como la de un juego de feria o de una mujer que sube las escaleras—, la animación cubista de un “presentador”, objetos que se mueven gracias al montaje —como las piernas de un maniquí que parecerían bailar por su propia cuenta— e, incluso, figuras geométricas que siguen el ritmo de la partitura. Es justo en este último elemento en el que encontramos la segunda influencia: el cine abstracto. Al igual que en este último, Léger mueve círculos, triángulos y rectángulos a través de la pantalla; sin embargo, estas figuras no sólo aparecen por su cuenta, sino que se funden con otras imágenes; por ejemplo, una serie de rectángulos actúan como ventanas que nos muestran los labios o los ojos de una mujer mientras que nos ocultan el resto de su rostro.

La estética cubista, en la que algunos clasifican esta obra, se encuentra en el desdoblamiento del espacio, los objetos y, agregaría, el tiempo; escenas como la de un pistón, que se multiplica como si lo viéramos a través de un caleidoscopio, parecen arrancadas de la realidad, sin un referente, y, por ende, adquieren una nueva dimensión, una personalidad propia como lo mencionaba Eisenstein.

Ahora bien, a pesar de la admiración hacia esta obra que mencionaba en un inicio, he de admitir que mi experiencia con la misma no fue necesariamente placentera. La unión del montaje vertiginoso de Léger y el acompañamiento musical de George Antheil, que yo describiría como una armonía de disonancias, me introdujo en un estado de ansiedad que sólo puedo describir como una tortura autoinflingida. Con esto no busco demeritar el valor de la obra, pero me pregunto si ésa era la reacción que buscaba Léger o si, por el contrario, dicha apreciación surge a partir de mi contexto. De una u otra forma, Ballet mécanique es una ambiciosa quimera, un collage de influencias en el que encontramos una de las búsquedas más arriesgadas de experimentación en el arte cinematográfico.

Ballet Mecanique

Para quienes disfruten de esta sincronización entre música e imagen, recomiendo Fantasia , un clásico que funde la animación de Disney con la música de cámara. Por otra parte, aquellos que estén interesados en las técnicas cinematográficas y el montaje vanguardista encontrarán algo de su agrado en El hombre con la cámara . Esta obra de Dziga Vértov funge como una clase de documental sobre la vida en la Unión Soviética y, al mismo tiempo, sobre el proceso cinematográfico. Espero que disfruten de estas recomendaciones.

Puedes conseguir las recomendaciones en los siguientes links:
Ballet Mecanique
Fantasia
El hombre con la cámara
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Federico Ballí: narrador, poeta, ensayista y filósofo de clóset. Ha colaborado con la gaceta Lammadame, el blog Filopalabra y las revistas Nocturnario, Monolito y El comité 1973. En la actualidad, trabaja como editor y columnista en Filosofía de Clóset.