Idiotismo 2.0

Cecilia  Amaro  2019-01-28

En las últimas semanas, he visto publicidad de aquellas apps para aprender idiomas, ambas aseguran que en cualquier lugar y con métodos accesibles dominarás una lengua, la diferencia es que mientras Babbel te incita a que la uses en todo lugar y a toda hora, Duolingo te da ejemplos de cómo Alfredo llegó a dominar el inglés: al darse cuenta que desperdiciaba mucho tiempo en redes sociales, decidió eliminarlas y usar apps para aprender idiomas. Así, en dos años logró fluidez y comprensión del inglés y ahora trabaja en Canadá. No sé que tan realista sea aprender (en toda la extensión de su palabra) uno o más idiomas, pero sí me queda claro que las redes sociales absorben no sólo gran parte de nuestro tiempo, sino nuestra atención, concentración e interés.

Café instagram

¿A cuántas personas vemos en la calle o en el transporte público sin celular? Esa pantalla, se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo. Sólo hay que observar con atención: algunos prefieren disminuir su paso por responder varios mensajes de whatsapp o mirar el último post; otros se tambalean y empujan con tal de no soltar el maldito aparato para sujetarse bien al tubo del metro; unos más esperan la llegada del metrobús sin despegar la mirada de la pantalla, no se inmutan de revisar dónde sentarse o ponerse para no estorbar, como si su mundo se redujera, se ponen justo frente a la puerta; el resultado: una masa inerte enajenada en su celular observando su álbum de fotos mientras escucha música. Otros consideran que las pausas que permite el tráfico son el mejor momento para revisar las últimas notificaciones sin prever que, al hacerlo, contribuyen a la la lenta circulación vial.

¿Cuántos no sacan el celular tan sólo para deslizar su dedo por la pantalla? Siendo sinceros, la mayoría de esos usuarios, si los observemos con más detalle, tienen el celular sólo para ver la hora; no lo sueltan porque creen que así no le pasará nada a su preciado gadget; miran sus fotos una y otra vez; no tienen mensajes en whatsapp , pero deslizan sus dedos entre chats, grupos, fotos de perfil y eliminación de mensajes; ven Instagram y de ahí a chismosear el de la amiga, de la hermana de la amiga, del novio de la amiga; no tienen notificaciones en Facebook , pero fingen que algo muy importante e interesante está pasando en el mundo: los memes de los memes de los memes intercalados con fotos y post con fondo de colores a los que sólo se detiene para darle like o buscar la reacción me encanta sin siquiera realmente prestarles atención.

Todas estas experiencias me han llevado a concluir que estamos en una etapa de idiotismo digital. Creemos que por tener redes sociales estaremos más comunicados, encontraremos más cercanía entre los amigos, nos reencontraremos con ciertos conocidos; en realidad, no lo hacemos, como tampoco nos informamos más. Las redes sociales se han convertido en un estorbo, en el reflejo del hostigamiento y del resentimiento que rara vez nos atrevemos a decir en persona. Creemos que compartir una noticia, una frase o un meme demuestra quiénes somos; usar algunos hashtag , un cierto compromiso con la comunidad digital y con el mundo. Suponemos que al comentar alguna noticia estamos haciendo la gran labor de un ser racional. Honestamente, ¿esos comentarios tienen algún valor? No, pues muchos de ellos están cargados de reproches, de burlas, de insultos, de incoherencias, y lo mejor, de faltas de ortografía. Miramos hacia abajo, ignoramos nuestro entorno, fingimos que prestamos atención, vamos al trabajo y nos molesta que interrumpan nuestro chisme en Twitter , vamos a alguna reunión, una comida o a la escuela y no pensamos más que: voy a ver mi cel.

Enagenados con el celular

Antes de la llegada de este black mirror , ¿en qué invertíamos nuestro tiempo de ocio? La amnesia nos domina y preferimos no pensar en esos tiempos, porque transpira aburrimiento. Sin embargo, hoy somos esos animales racionales aburridos, insatisfechos, lentos y menos imaginativos. Todo esperamos encontrarlo en nuestra segunda palma: el celular. Cada vez concluyo que revisar las redes sociales, pasar de un meme a otro, la foto de los amigos con la misma pose y el último rumor del gobierno, no es más que un refuerzo de la monotonía que tanto nos pesa. Tal vez, por eso en las últimas semanas hay dos cuestiones que me invaden: deshacerme de mi móvil o cerrar de una vez por todas esas redes que ya perdieron su encanto en mi cotidianeidad. Sigo sin llegar a una decisión. Hace unas semanas, mi amigo, Alexander, cerró su cuenta de Facebook . Lo envidio. Porque #SoyPosmo.

Cecilia Amaro: filósofa, ensayista, cuentista y fanática de la posmodernidad. Su mejor hashtag #SoyPosmo. Ha publicado en Zona de Ocio, Nocturnario y Filopalabra. Directora General y columnista en Filosofía de Clóset.